Quienes piensan que la oposición venezolana va a derrotar a los candidatos de Hugo Chávez en las elecciones de alcaldes y gobernadores del próximo mes de noviembre, deberían abrir bien los ojos y apreciar el inmenso revoltillo en el cual se está convirtiendo su llamada unidad. Es lamentable el papel que dan cuando hablan de la necesidad de acudir a ese proceso con candidatos únicos, mientras los dirigentes de las cúpulas partidistas de siempre se echan cuchillos con sus declaraciones.
No se han dado cuenta que, en vez de unir voluntades, espantan a los nuevos electores que podrían provocar algún desbalance en el resultado. Fíjense todos el triste papel que ofrecen en
Los ejemplos de toda esa división sobran en los municipios más importantes del país. Se les nota el hambre cuando buscan imponerse en la gobernación de Miranda, o en la alcaldía de El Hatillo. Les cuesta ponerse de acuerdo para derrotar a Chávez, porque esa oposición está constituida por una masa amorfa de ideologías incompatibles (¿serán ideologías de verdad?) que en su afán de hacerse del poder, no hacen más que ambicionar los puestos de elección popular más importantes del país. Dan pena cuando uno los ve tratando de hallar la fórmula para ponerse de acuerdo, mientras pisotean un famoso acuerdo, al cual llegaron el pasado 23 de enero.
La verdad es que no tienen vida, si aspiran derrotar a Hugo Chávez. El comandante de
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