¿Será tan así que una sociedad estadounidense marcada por su historia de esclavitud, racismo y discriminación ha dado un paso al frente en su desarrollo y roto un techo más de cristal eligiendo a un negro a la presidencia?
Una de las cosas que quedó clara durante la primaria demócrata fue que hay en Estados Unidos sectores de población para los cuales el elemento racial es factor importante a la hora de votar. Sectores, entre ellos obreros de relativa poca educación y bajos ingresos, y mujeres de mayor edad, para los cuales no es posible votar por un candidato afro-americano.
Hillary Clinton explotó este descontento, desconfianza e ignorancia –racismo le llaman algunos- de muchos estadounidenses para ganar las primarias en estados como Pennsylvania, Ohio, Virginia Occidental e Indiana.

Será el tiempo el que dirá si esta gente tiene la capacidad de rebasar sus propios prejuicios, y si Obama por su parte, tiene la muñeca política para acercárseles y convencerlos de que no sólo entiende sus intereses sino que igualmente también gobernará para ellos. Suena obvio esto último, pero sucede que muchos de estos obreros blancos piensan que al haber un hombre de raza negra en la presidencia serán los negros precisamente los que se beneficiarán en detrimento de los blancos pobres.
Con todo, para lo que es nuestro interés particular como latinos hay algo más importante en todo esto: ¿están preparados los votantes latinos para aceptar a un presidente negro?
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